La humanidad ha vivido siempre en una constante búsqueda por satisfacer todas sus dudas, por entender todo lo que ocurre o lo que va ocurrir. La capacidad de pensar y razonar del ser humano ha hecho que analice y conozca el pasado, para entender el presente; pero también procurando predecir el futuro.

Como decía el historiador J. B. Bury, “A lo largo de la historia, la preocupación por la posteridad ha sido una guía de la conducta, pero de un modo débil, y en un sentido muy limitado”.[1] Esto ocurre porque el futuro es un anhelo del ser humano, es una razón para desarrollar diferentes teorías, para explorar nuevas cosas, para mirar al mundo de forma diferente. De ahí que, a cada instante, aparezca “ese deseo de dar forma a lo que está por ocurrir, suponiendo que, si se logra controlar todos los detalles, el resultado será exactamente aquello que se habías propuesto.”[2] Sin embargo, esta preocupación por el presente no implica que el futuro se esté estableciendo, porque el mañana es un secreto impredecible. Ante este panorama surge una serie de preguntas: ¿Cuál es el papel del hombre en la construcción del futuro? ¿Y cuál es el futuro de la humanidad?, entre otras. Pero, para responder a estas dudas (o al menos intentarlo) es necesario comprender qué es el futuro.

“El origen de este concepto se remonta a los albores de la doctrina del progreso indefinido.”[3] Es decir, data de aquellas épocas en las que aparece la idea de progreso, porque eso significa pensar en los avances del mañana. Sin embargo, “el uso de este término y la entidad a la que se refiere inspira recelo,”[4] o incluso en algunos casos miedo. Esto sucede, principalmente, porque el futuro es incierto, desconocido para el hombre, o como se dice normalmente, porque el futuro aún no está escrito. “Así pues, el futuro es tan imprescindible como imprevisto; se labora históricamente, pero no porque quepa certeza alguna sobre el fin de ese laborar, sino porque hay que hacerlo, porque romper con la necesidad que impulsa sin más, significa ganar el propio tiempo (y, por añadidura, abrir un futuro, no se sabe cuál).”[5]

Pero, ante este concepto de futuro como un laborar histórico, aparece otro concepto, el de hombre como constructor de éste, y al hablar de hombre, me refiero al hombre no como individuo, sino como grupo. Debido a que bajo “la teoría prospectiva, el futuro no lo construye el hombre individual, sino el hombre colectivo.[6] La sociedad es la productora de todos aquellos aspectos que determinan lo que va a suceder el día de mañana. Cada acto, cada decisión, cada palabra dicha, cada estrategia realizada por los seres humanos hacen que se construya el futuro (negativo o positivo). “De lo anterior podemos colegir que la construcción del futuro no es un proceso neutro sino un campo de batalla, muy parecido al juego del ajedrez, donde el sujeto de esta actividad que son los actores sociales pugnan por imponer su poder para defender sus intereses.”[7] Por ello, “somos nosotros a quienes toca asumir la responsabilidad de planificar con vista a una escala temporal vastísima,”[8] pues el futuro no es un sistema predecible o un lugar, sino una dimensión que involucra tiempo e historia.

Al hablar de historia y tiempo, se vuelve necesario señalar que el primer término, como parte del Futuro, no es algo que se logra de antemano sino que puede o no acontecer; en tanto que el tiempo discurre en varias direcciones y no en una sola. Todo esto proporciona al futuro un carácter no unidimensionalidad y unidireccionalidad temporal-histórico. En otras palabras, “el futuro es la dimensión desde la que se abre el tiempo: la posición de toda (inevitable) reescritura, el punto (imaginario a veces, supuesto) desde el que se vuelve sobre lo acontecido y se da sentido al existir, el lugar en el que ser es poder ser.”[9] Precisamente, esa última frase (ser es poder ser) posee una cierta carga negativa, ya que el ser humano al tener el poder del futuro en sus manos, también tiene el poder de destruirlo, de acabar con el futuro de la humanidad.

Desde que la idea de futuro persigue la mente de la gente, han aparecido métodos científicos y otros métodos no tan ortodoxos que tratan de encontrar evidencias, pistas sobre lo que viene. Investigación, tecnología y cálculo estadístico coexisten con el esoterismo, la astrología, el tarot y otras formas, en ese camino por percibir el mañana de la humanidad. “Por encima de su diversidad, tales procedimientos comparten un mismo objetivo: reducir la ansiedad ante el futuro incierto. Domesticar la incertidumbre constituye una obsesión de la humanidad desde las épocas en las que los cavernícolas se devanaban los sesos por saber de antemano el paso de los animales de caza y los lugares donde caería el rayo […] Además, bosquejar el mañana con trazos positivos o negativos, la interpretación del futuro presta útiles servicios al presente.”[10] Puesto que los anhelos de la humanidad por comprenderlo, han desembocado en la invención de máquinas jamás antes vistas, así como también de viajes nunca antes pensados. Preocuparse por lo que pueda suceder a corto o largo plazo, ha hecho que el ser humano descubra nuevas cosas en todos los ámbitos (física, química, ciencias naturales, sociología, etc.)

A pesar de la existencia de varios métodos para intentar mirar el mañana, hay que comprender que éste presenta una infinidad de posibles escenarios, que varían de acuerdo a las circunstancias y a los paradigmas y conocimientos del momento. Por ello, “el futuro de la humanidad a largo plazo es un gigantesco misterio o acertijo […] Incluso la duración de la civilización humana es un enigma para nosotros. Nuestra cultura civilización y genética podría continuar durante miles y hasta millones de años. En el otro extremo, podría acabar todo antes”[11] de lo previsto. Justamente, esa disyuntiva de la eternidad o fin del ser humano, ha hecho que varias personas se interesen por dejar un legado a las generaciones del mañana. A partir de este se crean las cápsulas del tiempo o cápsulas temporales, que son contenedores donde se guardan diferentes cosas que representen y faciliten la comprensión de lo era nuestra época. Esto deja entrever un deseo que no sólo busca “preservar la herencia que dejaremos a nuestros descendientes, sino también se acompaña de un deseo de comunicación con el mañana lejano,”[12] porque como afirma Pablo Francescutti, es “un impulso por perdurar y vencer a la muerte y el olvido.”[13]Pero, además de esa aspiración de codearse con el futuro, como dice Francescutti, la idea de imaginar fascinantes y extraordinarias escenarios futuristas, de explorar la variedad y las potenciales posibilidades del futuro, cautiva a hombres y mujeres. Por ello, muchos de ellos han creado “libros futuristas de ficción, películas cinematográficas o por individuos futuristas,”[14] en los cuales predominan, principalmente, futuros apocalípticos en donde el ser humano sufre las consecuencias de su propia ambición. Muchos de estos futuros son considerados como posibles sucesos del mañana.

La verdad es que, aunque la ciencia y las prácticas espirituales traten de observar y predecir el futuro, las distintas particularidades, acciones y sentimientos del ser humano hacen que éste continúe siendo una incógnita. Porque como escribió Román Cuartango en La destrucción de la idea de futuro, “el futuro no es un lugar; es la libertad humana, la posibilidad de ser, que se estrecha cuando el concepto de tiempo (no expreso, implícito) se monta sobre la igualación de sus momentos. De tal modo, la dimensión futuro es la desconfianza de todo pronóstico, la sospecha frente a todo aplanamiento, la duda ante toda certeza, la crítica de la razón dominadora y la crisis del hombre mismo.”[15] El futuro es no saber que nos depara el mañana.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Burcet, Josep (2002). Futuro, innovación y liderazgo. Obtenido en línea el 11 de marzo de 2010. Disponible en: http://www.burcet.net/futuro/futuro.htm
  • Cruz, Manuel –Compilador (2002). Hacia donde va el pasado: el porvenir de la memoria en el mundo contemporáneo. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. 267 pp.
  • Francescutti, Pablo. (2003). Historia del futuro: una panorámica de los métodos usados para predecir el porvenir. Madrid: Alianza Editorial. 274 pp.
  • López S. Francisco & Filmus, Daniel. (2000) América Latina 2020: escenarios, alternativas, estrategias. Buenos Aires: FLACSO – Sede Argentina. 454 pp.
  • Tough, Allen (2004). Preguntas cruciales sobre el futuro. Primera Edición. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. 149 pp.


[1] Francescutti, Pablo. (2003). Historia del futuro: una panorámica de los métodos usados para predecir el porvenir. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 163.

[2]Burcet, Josep (2002). Futuro, innovación y liderazgo. Obtenido en línea el 11 de marzo de 2010. Disponible en: http://www.burcet.net/futuro/futuro.htm

[3] Francescutti, Pablo. (2003). Historia del futuro: una panorámica de los métodos usados para predecir el porvenir. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 163.

[4] Cruz, Manuel –Compilador (2002). Hacia donde va el pasado: el porvenir de la memoria en el mundo contemporáneo. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. Pág. 187.

[5] Cruz, Manuel –Compilador (2002). Hacia donde va el pasado: el porvenir de la memoria en el mundo contemporáneo. Barcelona: ediciones Paidós Ibérica. Pág. 205

[6] López S. Francisco & Filmus, Daniel. (2000) América Latina 2020: escenarios, alternativas, estrategias. Buenos Aires: FLACSO – Sede Argentina. Pág. 117.

[7] Ibídem. Pág. 117.

[8] Francescutti, Pablo. (2003). Historia del futuro: una panorámica de los métodos usados para predecir el porvenir. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 166.

[9] Cruz, Manuel –Compilador (2002). Hacia donde va el pasado: el porvenir de la memoria en el mundo contemporáneo. Barcelona: ediciones Paidós Ibérica. Pág. 194.

[10] Francescutti, Pablo. (2003). Historia del futuro: una panorámica de los métodos usados para predecir el porvenir. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 259 y 256.

[11] Tough, Allen (2004). Preguntas cruciales sobre el futuro. Primera Edición. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. Pág. 18.

[12] Francescutti, Pablo. (2003). Historia del futuro: una panorámica de los métodos usados para predecir el porvenir. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 167.

[13] Ibídem. Pág. 169.

[14] Tough, Allen (2004). Preguntas cruciales sobre el futuro. Primera Edición. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. Pág. 18.

[15] Cruz, Manuel –Compilador (2002). Hacia donde va el pasado: el porvenir de la memoria en el mundo contemporáneo. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. Pág. 206.